Sobre la persecución religiosa o confusión mental

Señor de los Milagros

El numeral 3 del artículo 2 de la constitución política del Perú dice que todo peruano tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay persecución por la razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión. El ejercicio público de todas las confesiones es libre siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público. Así mismo el artículo 23 estipula que en ninguna relación laboral puede limitar el ejercicio de los derechos constitucionales, ni desconocer o rebajar la dignidad del trabajador, es decir la libertad religiosa.

Artículos que son muy claros y que quizás la Presidenta del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación – CONCYTEC, Gisella Orjeda,  no recuerda o quizás no  quiere recordar por su ateísmo radical.

La prohibición que esta señora ha dado a los empleados de no exponer cualquier imagen religiosa en sus espacios de trabajo va en contra de la independencia religiosa a la que todo peruano tiene derecho. Una decisión que evidentemente es una persecución a  los trabajadores por su creencia religiosa.

El laicismo

El laicismo es la corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o política de gobierno que defiende, favorece o impone la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas”, dice Wikipedia.  Un concepto que el Perú no es muy conocido en la pragmática, ya que la mayoría de peruanos profesa alguna creencia religiosa, sea la católica o cualquier creencia.

La religión es pues la expresión espiritual del hombre, algo tan íntimo que muchas veces es expresado de diferentes maneras. Para los católicos, por ejemplo, las imágenes ayudan a conectar con el Ser de todos los seres, es decir, Dios. Una expresión que por años en nuestro país ha sido reflejado en diferentes maneras, el ejemplo más crucial es la historia del Señor de los Milagros.

Fides et ratio

Juan Pablo II en una de sus encíclicas más  interesantes que ha regalado a los católicos “Fides et Ratio” nos dice que la fe y la razón son dos alas intrínsecas difíciles de separar. Un concepto que nos ayuda a comprender el ser del hombre en su parte más sublime que es la creencia en alguien o algo que está más allá de todas sus posibilidades, que mediante la razón comprende que escapa de su ser y que a la vez es parte de él, Dios.

Es así que no importa la confesión religiosa a la que cualquier persona tiene derecho a creer. En este caso la afrenta es directamente a los católicos que tienen su manera de creer y que hoy se encuentran entre la espada y la pared por un comunicado incomprensible que no sólo vulnera la intimidad de los católicos peruanos sino también el derecho constitucional.

Confusión mental

Es importante que la Presidencia del Consejo de Ministros defina qué es lo que busca con esta disposición. Usando el mismo presupuesto de Orjeda que afirma que  todo espacio público debe ser neutral porque debe respetar la  diversidad de orígenes, creencias y opiniones porque estaríamos dando preferencia a una. Podemos decir también que su ateísmo o quizás su confusión confesional debe ser neutral y no imponerse sobre los otros que tienen su creencia personal. Una estampa del Señor de los Milagros que, dicho sea de paso es el patrón de la ciudad, no la ofende ni le afecta más bien ofende a la razón de los peruanos que con presupuestos intolerantes reflejan quizás el autoritarismo a la que estaría ingresando este gobierno.

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